Chauvet

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El primer genio

El 28 de diciembre en Francia no se celebra nuestro Día de los Inocentes. Pero cuando ese día del año 1994, Jean Clottes, uno de los prehistoriadores más conocidos de Francia, recibió aquella llamada pensó que se trataba de una broma: en plenas vacaciones de Navidad se le pedía que se trasladara a un lugar cercano a Avignon a certificar que las pinturas de una cueva que acababa de ser descubierta eran auténticas. Durante toda la conducción hasta Vallon-Pont-d’Arc no hacía más que pensar si, esta vez al menos, valdría la pena el viaje. Habían sido ya muchas las ocasiones en las que sus desplazamientos habían quedado en nada. Ni remotamente imaginaba lo que iba a encontrar…

Todo había empezado unos pocos días antes, el 18 de diciembre, cuando un espeleólogo aficionado, Jean Marie Chauvet y sus amigos, Éliette Brunel y Christian Hillaire a los barrancos del circo de Estre. Un leve soplo de aire que emanaba de un agujero al fondo de una pequeña gruta les hizo pensar que allí detrás habría otra mayor por lo que, apartando piedras, abrieron un estrecho pasadizo por el que se metieron. Efectivamente, desembocaron en una cueva de gran tamaño. Una vez que consiguieron el material necesario para proseguir, fueron descubriendo las maravillas geológicas que encerraba la cueva: brillantes estalactitas y estalagmitas, formaciones de inmaculada blancura, el paisaje extraordinario de las entrañas de la tierra… La exploración fue tornándose cada vez más fascinante ante la presencia de numerosas osamentas de bestias salvajes hasta que Éliette vio a la luz de su frontal luminoso un pequeño mamut de ocre rojo sobre una pared: “¡Estuvieron aquí!”, fue lo que exclamó. Esa pequeña figura era un aperitivo de las pinturas extraordinarias que descubrieron poco más adelante. Inmediatamente fueron conscientes de la magnitud de su descubrimiento.

Cabeza de caballo

Jean Clottes, todavía pensando en sus vacaciones interrumpidas, desciende desconfiado a la cueva y va descubriendo atónito las pinturas. Inmediatamente se da cuenta de que son auténticas ya que sobre ellas se han depositado concreciones de calcita que tardan miles de años en formarse. Rinocerontes, leones en estampida, ciervos, bisontes dibujados con el trazo seguro de un genio, aprovechando los relieves de la piedra para acabar sus formas, combinando diferentes técnicas para aportar volumen. A la luz vacilante de las antorchas que portarían aquellos antepasados nuestros esas figuras cobrarían vida, como si fueran un cinematógrafo.…  Desde ese mismo momento, la que será conocida como Cueva de Chauvet, como homenaje a su descubridor, escala al primer puesto del podio de las grandes cuevas prehistóricas conocidas, al nivel, o más, de Altamira y Lascaux. Un venturoso derrumbe hace miles de años preservó la cueva de un modo perfecto hasta nuestros días.

Pero las pinturas deparaban una sorpresa aún mayor: a pesar de su perfección, eran mucho más antiguas que cualquiera de las encontradas hasta la fecha, hasta el punto de que entre los leones de Chauvet y los toros de Lascaux han pasado los mismos milenios que entre esta última y hoy en día: ni más ni menos que 17.000 años.

Chauvet alteró completamente la investigación de Arte Prehistórico. Hasta la fecha se pensaba que éste seguía una evolución lineal, desde lo sencillo a lo más sofisticado. En una época en la que se pensaba que el Homo Sapiens apenas si era capaz de hacer unos símbolos indescifrables o dibujar sus manos en las paredes, el arte de Chauvet sacudió todo aquel discurso. No hay duda de que el primer arte elaborado aparece con el Homo Sapiens, pero esta especie existió durante decenas de miles de años sin desarrollar un verdadero arte que haya llegado hasta nosotros. Sin negar el proceso evolutivo de la creación artística durante el Paleolítico, existen momentos sublimes de creación que sólo se explican por la naturaleza inclasificable de la genialidad artística.

Este genio, o genios, pinto en Chauvet hace más de 30.000 años y allí ya está todo. Aquel artista supo plasmar la perspectiva, el volumen, crear escenas de grupo, narrar historias… Logros todos que nos han llevado siglos de prueba y error. Y él los consiguió todos sin que nadie le enseñara. En nuestro mundo moderno, los grandes artistas han podido beber de fuentes anteriores de las que han aprendido, que les han inspirado, que han perfeccionado…No tenemos más que pensar en Miguel Angel, que se educó en el perfecto cóctel artístico de la Florencia de los Médici. Aprendió en el taller de Ghirlandaio, charló con Leonardo, admiró la obra de Masaccio y de Brunelleschi… Poco después en Roma conoció el pasado imperial romano y se codeó con Bramante y Rafael. Toda esta base sublime la encontramos en la obra de Miguel Angel. Todos y cada uno de ellos le influyeron y le convirtieron en el genio que es. Pero el genio de Chauvet carecía de todo esto y a la vez tenía todo. Sólo podía acudir a la fuente primigenia de todas las Artes: la Naturaleza. Y fue capaz de plasmarla como pocos en las paredes de aquella cueva que el cineasta Werner Herzog llamó “la cueva de los sueños olvidados”.

Notas’

La Cueva de Chauvet no es visitable. Estará siempre cerrada al público para poder preservarla y no cometer los fallos que comprometieron la supervivencia de Lascaux y Altamira.

A dos kilómetros de la cueva original se ha abierto un museo que contienen una réplica perfecta de la mayor parte de la cueva. En ella se han recreado, no sólo las pinturas, sino también la temperatura, humedad y el olor de la cueva verdadera. Se encuentra cerca de Avignon y complementa de modo perfecto una visita a la Provenza.

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